ÁFRICA PASADO Y PRESENTE
 
 

La primera vez que estuve en África, el continente negro era una tierra esperanzada, la mayoría de sus países habían conseguido la independencia y las débiles democracias surgidas al amparo de las naciones unidas, parecían poder quitarse de encima el lastre colonialista que durante tantos años había supuesto la esclavitud del pensamiento del hombre africano. Pero en el transcurso de los años aquella expectativa ha dejado paso a una cruda realidad, las independencias cantadas como una gran esperanza no ha supuesto ni la libertad ni la prosperidad.

El continente africano envuelto en una maraña de intereses a causa de sus recursos naturales, hoy, como antaño, se fragmenta en mil pedazos por la demoledora acción del brazo ejecutor del hombre blanco, que para no perder su poder omnímodo ha institucionalizado; dictaduras crueles, ha fomentado el nepotismo, ha normalizado la corrupción y ha castrado la ilusión y la esperanza de un pueblo ya de por sí castigado desde la primera aparición del hombre blanco que, bajo la protectora sombra de la religión y del progreso, sesgo etnias, esclavizo a los hombres y tomó tierras que no le pertenecían, desarraigando a la población, y cortando de tajo las raíces tribales de un pueblo ingenuo y confiado.

Y todo ello, auspiciado por sesudos gobernantes que sentados en amena charla desde sus cómodos sillones decidieron repartirse África como si fuese un botín. Sin preocuparse de ahondar en la idiosincrasia de sus gentes y al amparo del convencimiento de que todo en África era salvaje y que las tribus que allí habitaban eran ignorantes, descreídas e inhumanas, se lanzaron con su prepotencia para imponer sus creencias, sus leyes muy particulares y su manera de pensar, como única verdad absoluta.

500 años lleva África soportando la dominación del hombre blanco, cuando paradójicamente en ella se da el nacimiento de la especie humana.

Mientras Europa estaba sometida al oscurantismo y a la barbarie, en África existían ricos y poderosos imperios negros donde florecían las artes y las ciencias. Cierto es, que en estos míticos imperios; Songay, Ghana, Malí, Abisinio, Monomotapa, y la constitución de los que florecieron a lo largo y ancho del Níger, se hace difícil su invocación histórica por la falta de cultura escrita, pero no es menos cierto que habitaban en bellas casas de piedra con azoteas y sus habitantes vestían trajes de algodón y seda blanca. Las mujeres llevaban pulseras de oro y collares de perlas en el cuello y en los brazos, y, en los poblados existía una rica espiritualidad sustentada en sus ritos y danzas.

Sin embargo, el hombre blanco, desde su llegada al continente, arrasó toda pluralidad cultural, pero no contento con ello, con su actitud intolerante, prepotente y egoísta, se apropió de sus riquezas y sus tierras para la causa de sus Reyes o sus gobernantes y tomó para sí, al hombre negro convirtiéndolo en objeto de compraventa.

A partir de aquí; la diáspora, el holocausto, el colonialismo, la religión, la descolonización y el neocolonialismo del hombre blanco han llevado a África al borde del abismo.

África hoy, se desangra enmarañada en la infinidad de números adversos, nada o muy poco le es favorable. Mientras tanto, el mundo industrializado, aglutina esfuerzos para diseñar estructuras económico financieras que les permita un mayor control de los sistemas de desarrollo, parece haber encontrado en la globalización la panacea a cualquier paralización en su crecimiento “ hay que seguir creciendo para seguir viviendo ” este podría ser el eslogan.

¿Qué es lo que ocurre? Nos falta reflexión, sentido común, humanidad. Cómo es posible que hayamos abandonado los valores intrínsecos del ser humano, para convertirnos en fríos y esperpénticos números que se transforman en estadísticas.

¿Dónde están los sentimientos, la solidaridad, lo ético, lo moral, hemos perdido la capacidad de discernir el bien del mal, o en este mundo tecnológico vale todo?

Hoy África es un conjunto de países multiétnicos con una riqueza pluricultural extraordinaria, pero, ante todo, es un continente de seres humanos que hostigados por políticas allende de sus fronteras, deambulan por grandes espacios acotados por barreras de intereses económicos.

Debemos recordar que los pilares que unen y sustentan los diferentes clanes tribales del África en su conjunto, aún hoy día, son: La veneración a los ancianos, el amor a los niños, la transmisión oral y el respeto a la tradición.

Estos pilares que representan el acervo cultural, social y económico del ser africano se contraponen a la ambición desmesurada del hombre blanco, al materialismo que corrompe nuestra dignidad y al egoísmo que quiebra nuestra sensibilidad. Y así, en la actualidad seguimos presentándonos ante ellos sin la humildad de preguntarles.

Hoy, como ayer, tratamos de resolver el problema africano partiendo de postulados, equivocados, seguimos sin preguntarles que es lo que necesitan, como quieren vivir y cómo desean que sea su desarrollo y progreso.

Los foros internacionales desde sus despachos desarrollan ideas y diseñan programas que tratan de imponer, sin tener en cuenta que existen otras sociedades con pensamientos diametralmente diferentes al nuestro donde, lo espiritual, lo socialmente humano, tiene un valor predominante.

Europa, el mundo desarrollado en su conjunto, debe de observar el problema desde la perspectiva de un determinismo geográfico, teniendo en cuenta la historia, las costumbres y las tradiciones que han modelado el espíritu y el carácter de los pueblos africanos a los que debe solucionar el problema que la colonización les creó.

Hay que desandar lo andado, limpiar la contaminación exportada y volver a las raíces para, desde allí, empezar a construir, ellos, no nosotros, políticas limpias, políticas activas que generen desde dentro las pautas que dinamicen el progreso deseado.

Hay que romper de una vez los vínculos de dependencia neocolonialista, no más proclamas voluntaristas, se necesitan actitudes, enérgica actitud para convertir al africano en protagonista de su futuro.

Europa necesita de África, pero no para esquilmar sus riquezas, no para expoliar su materia prima que aunque necesaria puede pagarla, sino para quebrar el déficit demográfico y enriquecer con su savia la endogamia y la rutina del hombre europeo.

El siglo XXI debe ser el del mestizaje y la diversidad pues un continente europeo envejecido y monolítico será difícil de soportar. Debe de ser el siglo de la igualdad entre los hombres. Una sociedad plena de respeto y oportunidades.

Europa necesita de África, el tener la oportunidad de remediar el mal que hizo, necesita de su sabiduría, del fresco pensamiento de los jóvenes africanos, de su energía, de la espiritualidad de un continente que puede ser a su vez la alacena del mundo.

Hay que abortar la manipulación política y económica que ejercen sobre África los gobiernos europeos, la sociedad civil debe presionar, debe forzar a los políticos a cambios radicales en la manera de entender el problema, el apoyo político y económico debe de estar centrado en las personas; fomentar parlamentos democráticos multiétnicos, economías de largo recorrido, y sobre todo un plan de choque de amplio espectro sobre la alimentación, sanidad y educación.

Mayor Zaragoza, decía en su libro “Mañana siempre es tarde” que en los momentos de crisis, sólo la imaginación y la creatividad nos puede salvar. Y creo que eso es lo que les falta a los gobernantes europeos, eso, y una sensibilidad y una férrea voluntad para acometer las soluciones.

Es indudable que el problema africano se ha internacionalizado, Norteamérica por un lado y el mundo árabe por otro, han creado una tenaza que ahoga al continente, unos imponiendo los precios de sus recursos naturales en el mercado mundial, los otros, políticas religiosas que trastocan los conceptos tradicionales del hombre africano.

África es inmensamente rica, no hay ni un solo país pobre, lo que ocurre es que esas riquezas están en manos extranjeras o por explotar.

La gula de Europa, sin precedentes, les crea una fuerte dependencia, desabasteciendo los mercados interiores de aquellos productos que le son autosuficientes.

Las grandes multinacionales, las políticas económicas que emanan de los grandes trust que manejan a su antojo según sus intereses a los gobiernos de los países africanos, crean la imposibilidad de que los recursos naturales generen un desarrollo interno, beneficiándose de ello el gobernante de turno y sus adláteres, donde algunos de ellos acumulan una riqueza personal superior a la deuda externa. Gobernantes corruptos puestos, apoyados y sustentados por los países dominantes.

Seguimos tratando a África como si fuese una mina de explotación, hemos creado un neocolonialismo que aparentemente parece aliviar el problema pero ahora, con guante blanco, estamos si cabe, haciendo mucho mas daño. Pues siendo los periodos de la trata de esclavos, los de las exploraciones y el colonialismo una mancha difícil de lavar, ahora, queremos que los países africanos se suban al tren de las nuevas tecnologías, sin haber previsto una formación y unas bases de sustento.

El mercado se impone. Queremos que lo que a Europa le ha costado décadas para asumir los avances tecnológicos, África los asuma de la noche a la mañana.

Nuevamente nos equivocamos, y, mientras en las grandes urbes donde están ubicadas las oficinas de los especuladores, tratantes de mercancías, contrabandistas de armas y diamantes, contratistas de mano de obra barata y usureros, con sus mercedes, Internet y el teléfono móvil, a diez kilómetros en la aldea están las mujeres machacando el mijo en un mortero, y los niños recorren grandes distancias para acarrear agua contaminada.

Mientras en occidente los excedentes alimenticios se pudren en los hangares y almacenes o se tiran al mar para sostener los precios, África sostiene permanentemente hambrunas endémicas.

Mientras los países ricos están inmersos en una carrera tecnológica por llegar a Marte, el africano con penosa dificultad intenta llegar al poblado.

Mientras los espacios naturales son explotados para deleite de los turistas por manos extranjeras hombres blancos de atusados bigotes, los nativos se ven forzados a desarraigarse por un puñado de monedas

Mientras el hombre blanco disfruta de hoteles de lujo, de parques temáticos, de safaris de caza, de inmensos campos de golf, el hombre negro originario, lleva el traje al tinte o limpia los servicios por un salario que en ningún caso sobre pasa los 30 $ al mes, es evidente que los que han tenido la mala fortuna de cometer el error de nacer de color de piel diferente corren muy distinta suerte.

Mientras que para la vanidad de occidente los diamantes son un compromiso de amor, para África son un compromiso de guerra. Provocando enfrentamientos fratricidas por el control de los mismos. Guerras que se alientan desde el exterior porque, de esa manera, el negocio es más rentable.

Hoy, en la actualidad, el hallazgo de un valioso mineral llamado coltan (contracción de columbita-tantalita) del que extraen el tántalo y el niobio, vital para los microprocesadores, baterías, microcircuitos y condensadores tan necesarios para las armas inteligentes, teléfonos móviles, airbag y juguetes electrónicos de las grandes marcas tecnológicas, están provocando enormes bolsas de niños que trabajan de sol a sol en régimen de semiesclavitud en minas de aluvión (a ras de tierra) en busca del nuevo maná.

Siendo la sequía un mal cíclico de muchas zonas, la ciudad, es aún peor, pues atrae a una juventud en busca de una vida que creen mejor, desarraigándola de sus tierras, tentados por falsas expectativas e ilusiones. Pues la migración del campo casi siempre va acompañada por una migración del hábitat. Creándose en las periferias de las grandes ciudades considerables bolsas de pobreza y delincuencia.

Se tiene la creencia de que la selva tropical ostentosa, lujuriosa, es un recurso inagotable y no es así, engaña a este respecto. La capa de tierra vegetal es allí delgada, pobre en mantillo, auto lubrificándose prácticamente a ras de suelo con el incesante roer de los insectos y la podredumbre de las hojas. Por ello cuando las grandes compañías madereras talan indiscriminadamente atendiendo a sus intereses, cuando se limpia de maleza el suelo en un intento de roturación se interrumpe el proceso fertilizador, las torrenciales lluvias arrastran la tierra, cae el sol con violencia y todo queda estéril y seco.

La población africana bajo los signos del conservadurismo, la solidaridad tribal, sin cultura escrita, recurriendo a la memoria oral y a la transmisión del saber, apoyándose en las deducciones y reflexiones, poco pueden hacer ante la voracidad de los países dominantes viéndose relegados a ser meros espectadores de un incierto futuro.

Las guerras alentadas y sostenidas desde el exterior por los países con intereses petrolíferos, armamentistas, diamantíferos y mineralógicos. Guerras endémicas como la de la región de Darfur en el profundo Sudan, donde se carece de voluntad política para detenerla pues hay que tomar posiciones ventajosas por parte de los países ricos para su posterior explotación sin importar el genocidio que esta causando, así como la escasa voluntad para detener el SIDA, que les sirve de control demográfico en el paroxismo de la aberración, cierran el círculo del devenir del pueblo africano.

La violación de los derechos humanos sostenida a través de la corrupción en países como Nigeria donde comunidades como la de Makoko son asoladas dejando a miles de nigerianos y nigerianas carentes de recursos, sin sus hogares, durmiendo a la intemperie en beneficio de los promotores inmobiliarios que ven la posibilidad de hacer negocio al estar la zona junto a un gran puente que da fácil acceso a una de las principales autopistas de transporte de Lagos.

El aberrante tema de los niños soldados y las niñas consideradas propiedades sexuales para los jefes y combatientes de la Republica Democrática del Congo.

La codicia de las grandes empresas que destrozan permanentemente el precario equilibrio de los ecosistemas ávidos de obtener grandes beneficios.

Pero ¡atención! África es un continente con un extraordinario encanto, su potencial esta muy por encima de cualquier otro, en él se da la mayor diversidad en todas sus concepciones. Los africanos saben por experiencia que son un pueblo de anteayer, pero saben también que por su potencial son un pueblo de pasado mañana.

Este encanto y diversidad radica en sus gentes, en sus paisajes, en su cultura, en la laboriosidad y practicidad de las mujeres africanas, hoy por hoy, columna vertebral de la economía domestica de los pueblos y etnias de África, en su espontaneidad y alegría, en los millones de niños y niñas y de jóvenes, que esperanzados, desean un futuro labrado por ellos mismos.

Este potencial sumado a los inmensos recursos naturales que poseen, debe, sin lugar a dudas, hacer que África sea un continente paradigma, donde conservando sus raíces, aproveche sus recursos y las nuevas tecnologías para convertirse en el África moderna que se merece.

Pero para ello, las naciones ricas deberán mostrar otro talante superando la frontera de su narcisismo y egocentrismo, actuando con otra perspectiva que no cercene el presente de los pueblos africanos. La fuerza exterior americana debe de dejar paso a una sensibilidad creadora y no intervenir en el escenario de la ONU anteponiendo sus intereses en el conflicto africano.

Así mismo los propios africanos deberán resolver sus litigios racistas y tribales y buscar formulas de coexistencia que superen las fricciones culturales y religiosas.

En definitiva, una ayuda de orden mundial que aglutine esfuerzos en pro de objetivos concretos, superando los dos niveles de arrogancia del hombre blanco; el cultural y el de la negritud.

El poder mediático internacional como máquina distribuidora de la palabra, deberá involucrarse en el proceso. Y sostener permanentemente la voz de un pueblo oprimido para que golpee las conciencias de la sociedad civil y actúe como resorte ante la pasividad de los gobiernos.

El proceder de las naciones ricas, el llamado primer mundo, deberá ser concluyente, adoptando medidas basadas en una decidida voluntad de resolver los problemas:

Parar de facto la venta de armas.

Acuerdos de desarme a cambio de ayuda.

Resolver los conflictos fronterizos sobre la base del consenso.

Promover democracias reales bajo el auspicio de la ONU.

Declarar por parte de la UNESCO patrimonio de la humanidad el tribalismo étnico como esencia cultural.

Promover las lenguas étnicas como identidad cultural.

Asumir y respetar los modos de vida.

Crear fórmulas y mecanismos sobre el precio de las mercancías bajo la bandera de un precio justo.

Cancelación de la deuda externa.

Control de capitales extranjeros y distribución de beneficios.

Elaboración de un programa de infraestructuras capitalizado por los países con intereses, sobre vías de comunicación, pantanos y canalización de aguas a zonas de sequía.

Y así un largo etc. que bajo la dirección de los organismos internacionales; ONU, UE, FMI, G-8, FAO, UNESCO, UEA, y otros, sin olvidar el trabajo de las organizaciones no gubernamentales y las comunidades laicas y religiosas, aunando esfuerzos, sea posible construir una África negra plural sustentada en la concordia y en su propia peculiaridad, una África de ellos mismos. Un África auténtica.

Hoy, todo ello suscita en la sociedad africana, la necesidad de organizarse. Influenciados tremendamente por las presiones económico políticas de sus colonizadores, sin haber llegado a cortar el hilo umbilical de su nacimiento, vinculo de unión y sumisión, los países del África negra fuerzan su capacidad al máximo que les permita un despegue consecuente con su idiosincrasia, fuera de los influjos políticos externos, donde sus recursos naturales, en equilibrio con el hombre y el medio no cree tensiones ni diferencias en sus recursos económicos.

¿Dejaran que así sea? O seguirán mancillados y dejados en el estado de depauperación en que están sumidos, creando aún más un dualismo entre pobreza y riqueza que agrande las terribles diferencias de dominados y dominadores, o, las civilizaciones desarrolladas aglutinarán esfuerzos para que así no sea.

A tenor de la cumbre de los países ricos en Hokkaido Japón el pasado 07/07/2008 he perdido toda esperanza. África se fue de la cumbre del G8 con las manos vacías y no solo eso, sino que las promesas de cumbres anteriores quedaron en agua de borrajas, África tendrá que seguir apañándoselas como pueda.

En el África negra se dan dos variables bien definidas; encanto y tragedia. Y como dice Baltasar Porcel: África es tierra, pero una honda tierra fascinante.

Francisco Navarro Gallén